El miedo a que alguien se entere es lo que más frena a la gente a la hora de venir. Es un miedo razonable: la adicción todavía se juzga, y muchos cargamos con años de callar por vergüenza.
Por eso el anonimato no es un detalle de Nar-Anon. Es la base sobre la que se sostiene todo lo demás.
Porque sin ello nadie hablaría de verdad. Si en una reunión alguien pudiera reconocerte, o repetir fuera lo que has contado, dirías lo justo — y entonces la reunión no sirve para nada.
El anonimato es lo que permite que una persona diga en voz alta, por primera vez en años, algo que no se ha atrevido a decirle ni a su familia.
Cuando hablas de tu hijo, tu pareja o tu hermano, esa persona no está para dar su versión. Por eso en la reunión compartimos cómo nos sentimos nosotros, no lo que hizo el otro. No es un sitio para señalar a nadie.
Es normal. Puedes escribirnos antes y preguntar lo que quieras, sin dar tu nombre. Nadie va a insistirte para que vengas.